EL BAUTISMO DE CRISTO

 


El domingo 7 de enero celebrábamos la Fiesta del Bautismo del señor, y empezamos a presentar a la Comunidad Cristiana   y bendecir a los niños bautizados durante el año 2023, presentación que se realizará todos los domingos del mes de enero, en las misas de 1 del mediodía en el templo parroquial.

La Fiesta del Bautismo del Señor marca un punto de inflexión en el desarrollo del año litúrgico: cierra el ciclo de Navidad e inaugura el tiempo ordinario. Con la escena del bautismo culmina la manifestación de Jesús-niño como Hijo de Dios, que hemos celebrado a lo largo de toda la Navidad. Jesús nace y es anunciado a los pastores de Belén; la visita de los Reyes Magos es la manifestación a todas las naciones del nacimiento del niño Dios; el bautizo en el Jordán es la presentación de un Jesús ya adulto preparado para comenzar su vida pública y es la declaración del Padre sobre la absoluta y plena divinidad de Jesús, según lo expresa san Marcos: “Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco»” (Mc 1, 9ss).

Para comprender mejor el culto y simbología de la Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, lo vamos a hacer contemplando el bello cuadro del Bautismo de Cristo de nuestra parroquia, situado junto con la Pila Bautismal, en la puerta de entrada.

Es un óleo sobre lienzo, de autor anónimo, en el que se representa el Bautismo de Cristo por San Juan Bautista en el río Jordán bajo la presencia  del Padre y del Espíritu Santo.  Su composición es sencilla y con una simbología fácil de entender, pensemos   que supuestamente la adquisición de esta obra tendría una finalidad no solo decorativa, sino de introducir e instruir a los fieles a contemplar y comprender la liturgia de la fe. Ciñéndonos a este aspecto, podemos decir que la escena representada está compuesta por dos elementos bien diferenciados: 

  • la purificación en el agua del río
  • y la teofanía o Descenso del Espíritu Santo (Teofanía es la Manifestación de la divinidad de Dios. En el bautismo de Jesús, la Santísima Trinidad se manifiesta cuando el Espíritu Santo desciende en forma de paloma y se oye la voz del Padre que anuncia a Cristo como su hijo muy amado (Mc 1, 9-11))
 Antes de seguir analizando la obra, cabe preguntarse por qué Jesús se sometió al rito de la purificación que Él no necesitaba, no tenía mancha alguna. Si recurrimos a los teólogos, nos dicen: “que no era para Él, sino para los hombres de la Nueva Alianza*" con el objeto de instituir el sacramento del Bautismo, “el Agua que nos purificará es la imagen viva de Jesucristo nuestro Redentor”. Según San Agustín, “el Señor deseó ser bautizado, para proclamar con su humildad lo que para nosotros era necesidad” 


La iconografía del cuadro sigue los preceptos desarrollados a partir del Renacimiento, según los cuales, confluyen los dos ritos bautismales: de inmersión y aspersión; es por ello, que Cristo mantiene la parte inferior de una de sus piernas dentro del agua, mientras San Juan Bautista derrama sobre su cabeza el agua bautismal. 
 


Cristo y Juan Bautista están perfectamente interrelacionados física, espiritual y emotivamente, contraponiéndose de manera perfecta la potente emotividad que emana del rostro del Bautista, sabedor de que está ante "el que no merece ni desatarle las sandalias"(Jn 1,27),  con la profunda humildad que manifiesta  Cristo, arrodillado con la cabeza inclinada y con la mano en el pecho ( Después del concilio de Trento se retornó a una concepción menos pagana del Bautismo, aunque sin retomar la fórmula medieval. En vez de estar de pie en el Jordán, Cristo se inclina o hasta se arrodilla con respeto ante san Juan Bautista. Incluso a veces Cristo y san Juan, rivalizando en humildad, se arrodillan uno frente al otro).  

Ambos personajes están recreados a partir de un dibujo preciso, apreciando claramente sus rostros y anatomías, son unas potentes imágenes artísticas que ponen de manifiesto el humanismo cristiano que presenta a Cristo como el hombre perfecto, modelo de todo lo creado. 

La paleta de colores, junto con la luminosidad que emana de Cristo (“Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas”, Jn 12:46),  crean   una armonía compositiva, que  el artista  utiliza para crear  claroscuros que modelan la anatomía de los personajes.


En esta obra, Cristo aparece como el eje central de la composición. El autor crea a un Cristo que es luz,  y muestra   la  mansedumbre del Hijo de Dios (se expresa en la inclinación de su cuerpo, en su rostro sereno y en su mirada gacha que alude a la figura del Cordero de Dios, epíteto dado por Juan Bautista al mismo Cristo: “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!  Jn 1, 29), su figura vestida sólo con el perizonium o paño de pureza.  El color blanco expresa la pureza del alma sin mancha.


Dios Padre figura en la parte superior, portando  la bola del mundo, como el Señor de la Creación, acompañado de dos ángeles que representan el mundo celestial.  La contemplación de esta pintura nos recuerda cómo Dios Padre señala a Jesús como su Hijo amado y predilecto, enviando inequívocamente al Espíritu Santo, en forma de paloma, sobre su Hijo. El texto de Mateo lo presenta en forma de una gran voz: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (M 3,17).

                                         La paloma que, aparece como signo del Espíritu Santo,
manda un haz de luz, sobre la cabeza de Cristo, una luz dorada, la luz de Dios.  El Espíritu es enviado sobre Cristo para dar testimonio de Él, como se lee en Isaías: “Hoy el Espíritu está sobre mí;…” Espíritu que “Al principio… el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. : (Gé 1, 2). El símbolo de la paloma indica el perdón de los pecados, la reconciliación con Dios y la renovación de la Alianza. 


San Juan Bautista, junto con Cristo, ocupa un lugar destacado en el cuadro. Vestido con 
una túnica corta o sayo de pelo de camello, de  color marrón, color de la tierra, color  del hombre viejo, como un eremita, apoyando su pierna izquierda sobre una roca cubierta por su manto rojo(símbolo de su martirio), dejando caer el  agua desde la concavidad de sus manos sobre la cabeza de Cristo(influencias del arte flamenco*). No podía faltar, la cruz de cañas con una filacteria (la cinta con inscripción que aparece enrollada a lo largo de la cruz) en la que figura la inscripción: Ecce Agnus Dei (Este es el Cordero de Dios), símbolo que está presente en todas las imágenes del Bautista. 

Detrás de San Juan Bautista, se muestra  la figura de un árbol, la presencia de un  árbol siempre evoca al árbol de la vida, al árbol de la cruz.   El árbol presente puede significar el tronco de Jesé, cuyo vástago anunciado es Cristo: "brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor" (Is 11, 1)

El río Jordán, presente en esta obra aparece con colores oscuros.  Representa el mundo viejo, en contraste con la fuerte representación de Cristo, acogiendo  a quien es la verdadera luz del mundo.  El agua simboliza en el bautizado el renacer a la vida sin pecado, implicando una analogía entre salir del agua y “resucitar” a una nueva condición, como lo hizo Jesús en el río Jordán de manos de Juan el Bautista.

Detrás de Cristo, un ángel, atento a lo que dice el Dios Padre, espera con la túnica en las manos para vestir a Jesús cuando salga del agua. La túnica en el ritual del bautismo es símbolo de la dignidad del cristiano, que debe vivir su vida revestido de buenas obras hasta que llegue a la vida eterna.


La contemplación de esta pintura que nos recuerda cómo Dios Padre señala a Jesús como su Hijo amado y predilecto, y con ese “Tú eres”  dicho a Jesús,  nos alcanza a todos los cristianos que, incorporados a Cristo por el Bautismo, formamos en él un templo espiritual y es esa realidad parte de la fiesta que celebramos este día.




Nueva Alianza*: Las alianzas para Dios son una forma de manifestarnos su amor y hacernos parte de Su familia.
Pintores flamencos*: Debemos aclarar, que según el país en el que se lleve a cabo la representación, el bautismo se hará de diferentes formas: el rito de echar el agua con una concha o una copa es propio del arte italiano. En Alemania, por ejemplo, se usa un cántaro pequeño; sin embargo, en los Países Bajos no se usa nada, solo las manos.





 



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