LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS
“Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira
a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de
mi salvación” (Sal 26, 8-9).
Este acto de compasión simboliza valentía y alivio ante el sufrimiento.
No se deja contagiar ni por la brutalidad de los soldados, ni
inmovilizar por el miedo de los discípulos. Pero el acto de amor imprime en su corazón la verdadera imagen de Jesús:
en el rostro humano, lleno de sangre y heridas, ella ve el rostro de Dios y de
su bondad, que nos acompaña también en el dolor más profundo.

