LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS
“Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí,
a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.” (Lc 23, 26).
Los sufrimientos de Jesús
llegan a su culmen. Ante Pilato no tuvo miedo. Había soportado los malos tratos
de los soldados romanos. Había mantenido el control de sí mismo durante la
flagelación y la coronación de espinas. Incluso en la cruz parecía que no le
afectaba la tempestad de insultos. No se lamentaba ni sentía deseos de
venganza. Pero, al final, llega el momento en el que desfallece.
La presencia
de cuervos
y de buitres, animales carroñeros con una fuerte carga simbólica y bíblica. El
cuervo es el animal de la traición en el relato de Noe, ya que fue enviado con
la misión de evaluar la tierra, pero no regreso. Por ello representa la impureza y la
desolación, presagio de mal agüero, pero
también la provisión divina al colocarlo como aquel que alimenta a Elías.
