EL SANTO ENTIERRO DE JESÚS
“Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró
una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un
sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro”
(Mc 15, 45-46).
La aparición de la tercera estrella y el consiguiente descanso
sabático fue sobre las 19:08.
Faltó tiempo para una sepultura completa y el sepelio fue forzosamente
precipitado: la Ley preveía que, en casos como este, se completara el enterramiento
el domingo.
Jesús no fue rasurado, ni vestido, ni lavado, simplemente desnudo,
con sus heridas llenas de sangre coagulada, envuelto en una sábana y colocado
en el sepulcro. Le peinaron cuidadosamente el cabello a la usanza judía y
colocaron 2 moneditas de cobre sobre sus ojos.
